Cuento simeonístico: Laffit el trébol

En un jardín bien común, nació un trébol de cuatro hojas. Él escogió su propio nombre, Laffit, porque la doble F sonaba bonito. A Laffit le gustaba pasear en el convento de monjas blancas, y un día, en uno de sus paseos, comenzó a llover torrencialmente. Un hongo que pasaba por ahí le ofreció refugio. Gracias a la lluvia, Laffit hizo un nuevo amigo, el hongo Buenaonda. Laffit llevaba una vida tranquila, hasta que al lado de su terreno se mudó Pascual, la pascua, quien molestaba a Laffit echándole polvo. El trebolito tuvo que mudarse con Buenaonda. Buenaonda quiso ayudar a Laffit y le sugirió usar la violencia, pero Laffit era pacifista y se rehusó. Sin embargo, semanas más tarde, Laffit llegó donde Pascual. Se veía musculoso, era evidente que había entrenado mucho… …y dio vuelta a la maceta de Pascual en un dos por cuatro. Al voltearse, la maceta se quebró y en el suelo quedaron trocitos de barro. Laffit regresó con su amigo Buenaonda a contarle de su triunfo y que podría volver a casa. También le agradeció haberle enseñado a defenderse. Poco después, llegaron nuevos vecinos al terreno de Laffit. Eran un clan de centavitos, y él fue adoptado como parte de la familia. Uno de estos centavitos le informó a Laffit que ser un trébol y tener cuatro hojas era considerado señal de buena suerte. Pero Laffit no tuvo tiempo de gozar su buena suerte porque lo aplastó un zapato derecho, talla ocho casual. FIN. Patrocinio La Vaquita.

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